El ideal clásico
«Puedo garantizar que tiene más mérito crear belleza en 1947 que bajo la tutela paterna de un Perugino.»
SALVADOR DALÍ
New Paintings by Salvador Dalí, Bignou Gallery, New York, 1947

Desmaterialización cerca de la nariz de Nerón
1947
Óleo sobre lienzo
Fundació Gala-Salvador Dalí
Núm. cat. P 626
Desmaterialización cerca de la nariz de Nerón
La reivindicación del clasicismo y del Renacimiento, que arraiga con fuerza en la obra de Salvador Dalí durante los años cuarenta, nace de un anhelo profundo de reencontrarse con el viejo continente, la añorada Europa, a la que no ha regresado desde su exilio en Estados Unidos en 1940. En obras como Desmaterialización cerca de la nariz de Nerón de 1947, este ideal de belleza clásica sigue vigente, pero adquiere una nueva deriva a raíz de la explosión de la primera bomba atómica en Hiroshima, un acontecimiento que marca un antes y un después en la historia de la humanidad y que sacude profundamente al artista. Lo recuerda años más tarde en su libro Confesiones inconfesables (1973): «La explosión atómica del 6 de agosto de 1945 me había estremecido sísmicamente. Desde aquel momento, el átomo fue mi tema de reflexión preferido. Muchos de los paisajes pintados durante este período expresan el gran miedo que experimenté con la noticia de aquella explosión. Aplicaba mi método paranoico-crítico a la exploración de aquel mundo.»
A diferencia de obras como Idilio atómico y uránico melancólico (Núm. cat. P 606), que Dalí pinta en 1945 aún en estado de shock y, en consecuencia, con un tono mucho más apocalíptico y tenebroso, la pintura que nos ocupa sorprende por su apariencia serena y armoniosa. El interés de Dalí por la física cuántica y la desintegración del átomo se pone de manifiesto en su pintura a través de la desmaterialización de figuras y objetos, que a menudo aparecen suspendidos y fragmentados. En la escena, cuatro personajes aislados que parecen provenir de otras épocas contemplan, inmóviles, la ingravidez de los diversos elementos. Son testigos del nacimiento de una nueva realidad científica y de su impacto en la creación daliniana, que inaugura su propia etapa atómica.
Elementos como el busto de Nerón y el motivo iconográfico de la granada merecen una atención especial. Por un lado, el emperador que asociamos con la destrucción y el incendio de Roma, símbolo de un poder devastador y arbitrario, puede leerse aquí como una alusión a la capacidad autodestructiva de la humanidad, amplificada con la llegada de la era nuclear. Por otro lado, la granada, fruto vinculado desde la antigüedad a la muerte y la resurrección, introduce una dimensión simbólica ambivalente: si bien puede evocar el estallido y la dispersión del fruto, también sugiere un renacimiento implícito a través de la diseminación de sus semillas. El artista da forma así a una reflexión sobre la destrucción y la trascendencia, y la envuelve de clasicismo, «la eterna fuente de belleza antigua», porque de este modo el miedo y la incertidumbre de su tiempo resultan más soportables.