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VOGUE

A partir de los años veinte, revistas como Vogue se encargan de difundir el chic francés más allá de París, y lo hacen a través de la fotografía de moda, que se convierte en un potente instrumento de promoción comercial. Paralelamente, con las vanguardias artísticas, el arte sale de los museos y se abre paso en otras disciplinas. En este contexto, la alianza entre la moda y el surrealismo se vuelve natural y prolífica. La subversión de la realidad y el elemento onírico, rasgos de identidad del movimiento —con Dalí como una de las figuras más visibles—, se transforman en una fuente de inspiración de primer orden y en un eficaz reclamo publicitario.